¡Hola a todos! Hoy os traigo una receta fácil y rica, que hará de cualquier plato, una fiesta y de paso me gustaría aprovechar estas líneas para compartir con vosotros una pequeña reflexión sobre como cuidamos nuestro entorno más cercano.

La receta: Salsa barbacoa de mi amiga Charo.

Con esta fórmula, dejarás de comprar la típica salsa barbacoa de supermercado. No solo es mucho mejor sino que se mantiene bastante bien en la nevera. También admite congelación, aunque, al ser tan sumamente fácil de preparar, no os dará ninguna pereza poneros manos a la obra cada vez que la necesitéis

Ingredientes:

  • 10 cucharadas de kétchup
  • 4 cucharadas de miel (preferiblemente liquida)
  • 6 cucharadas de salsa de soja
  • 6 cucharadas de vinagre de Jerez
  • 3 cucharadas de tomate frito
  • 250 ml. de caldo concentrado ( o en su defecto 250 ml. de agua con una pastilla de caldo de carne).
Preparación:

El proceso no tiene ningún misterio: se ponen todos los ingredientes en cazo a fuego moderado y se va removiendo de vez en cuando hasta que la salsa espese a gusto de cada uno. Esta salsa es ideal para marinar unas alitas de pollo, un costillar de cerdo o acompañar una hamburguesa y lo que te apetezca. (Para marinar déjala más liquida porque luego espesara al cocinar nuestro plato)

Y ya que hoy la cocina nos deja tiempo libre, propongo que nos ocupemos de un asunto vecinal que puede ser beneficioso para todos.

Civismo urbano: El reto de los carteles en San José

Hoy quiero hablar de esos carteles, que quien más quien menos, casi todos hemos pegado alguna vez en San José. Ya sea porque se nos ha perdido el perro, porque queremos anunciar un concierto, o porque nos ofrecemos para dar clases de claqué. Esta práctica se repite en todas partes.

Tenemos el pueblo completamente empapelado con anuncios de todas clases; no se libran ni las palmeras ni las farolas del paseo.

Hace unos días fui a pegar unos folletos para anunciar un evento cultural. Era la primera vez que lo hacía y fue entonces cuando me percaté de la situación: tenemos el municipio completamente empapelado.

Conciertos, eventos, mercadillos, clases de todo… la variedad es infinita, el problema es que muchos de estos carteles ya han caducado y otros están rotos por efecto del viento o el paso del tiempo.

No estaría de más, que de la misma manera que nos damos un paseo para colocar la publicidad, nos diéramos otro una vez concluido el evento o tras haber encontrado lo que habíamos perdido para retirar los anuncios obsoletos.

Es un gesto que no requiere un gran esfuerzo -de hecho, cuesta menos quitarlos que ponerlos- y, de esta manera, entre todos mantendremos nuestro pueblo mucho más limpio, cuidado y presentable.

¡Hasta la semana que viene!