…y otra manera de vivir las fiestas
Hoy os comparto un plan en dos partes:
Para el estómago: La receta del Mojo de Saso, pura tradición en la batidora para acompañar unas buenas papas.
Para la cabeza: Una reflexión sobre lo que viví en Brihuega tras el eclipse, y por qué el civismo y el respeto deberían ser el ingrediente principal de todas nuestras fiestas.

Receta del mojo de Saso
Ingredientes:
80 g de ajos
2 o 3 pimientos chiles secos / guindillas
3 tomates rojos maduros, pelados y sin semillas
1 trocito de pimiento rojo
1 cucharadita de comino
1 cucharada de pimentón
1 taza (175 ml) de aceite de oliva
100 ml de vinagre (75 ml de vinagre común y 25 ml de vinagre de manzana)
1 cucharadita de té de sal gorda
Preparación:
Triturar todos los ingredientes con la batidora de mano (minipimer).
Papas arrugadas
Cuece las papas en agua con abundante sal.
Cuando estén cocidas, escurre el agua y vuelve a poner las papas en la olla vacía sobre el fuego. Saltéalas agitando la olla constantemente sobre la llama para secarlas y arrugarlas.
Y ahora quiero compartir con vosotros mi experiencia del 12 del agosto.
El pasado 12 de agosto fui a Brihuega a ver el eclipse desde los campos que rodean la casa de mi amiga Teresa. Del espectáculo que supuso el eclipse total no os voy a contar mucho —ya tendremos ocasión de disfrutarlo el año que viene en nuestra tierra—, salvo una cosa: la diferencia entre un 99,9 % y un 100 % es sencillamente abismal. No hay comparación, ya lo comprobaréis.
Tras el eclipse, bajamos al pueblo, que estaba en plenas fiestas. Da gusto ver un pasacalles de los de antes: los gigantes bailando, los cabezudos haciendo correr a los niños, una banda de música impecable y todo el pueblo acompañándolos hasta la plaza para escuchar el pregón. Más tarde, la música y el ambiente continuaron en el parque, donde había un chiriguito con mesas para comer y beber y un escenario con música, todo acompañado por un detalle organizativo de diez: un tráiler con aseos que un equipo de limpieza mantenía perfecto constantemente. Mientras tanto, las peñas celebraban en sus propios locales por todo el pueblo, llenando las calles de vida.
Pero lo que más me impactó vino a la mañana siguiente. A las 10:00 la calle ya estaba impecable. Es verdad que los servicios de limpieza hicieron un trabajo excelente, pero también es cierto que, seguramente, no se encontraron con un campo de batalla.
Y esto me hace pensar… ¿por qué no podemos tener en nuestras fiestas, si no algo igual, por lo menos un poco de este civismo y de este respeto por las tradiciones?
No me puedo resistir a poneros la foto del camión de los aseos.

Hasta la semana que viene
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