En los últimos años hemos tenido varias adaptaciones de la obra de Homero, todas con su propio sabor particular. Pero esta última interpretación del aclamado director británico Christopher Nolan está generando bastante polémica, resaltando la pregunta ¿El arte debería ser accesible para todos?
La Odisea de Nolan tiene el galardón de ser la primera película de la historia en ser grabada usando únicamente la tecnología IMAX, que se diferencia de la relación de aspecto estándar de 16:9, ampliando la imagen a una relación de aspecto de 1.43:1. Esto significa que la imagen es más amplia de lo normal. En principio esto suena bien, vamos a tener una experiencia cinéfila más impactante y envolvente. Y eso es cierto, pero solo para las personas que viven cerca de una de las 41 salas en el mundo que pueden reproducir películas en IMAX. Para los demás mortales nos quedamos con una versión estándar que acorta la imagen.
¿Esto es justo? Las limitaciones geográficas y económicas (las salas IMAX no son baratas) de la gran mayoría del público han creado una clara división. Una se puede empezar a plantear si Nolan está siendo elitista con su arte o si simplemente ha querido ser pionero sin tener mucho en cuenta quiénes tendrían acceso a gozar de su logro.
Personalmente me inclino más hacia la segunda reflexión, ya que, con las últimas películas de Nolan, sobre todo Tenet, he salido del cine pensando que este director ha dejado de hacer películas para el público. La incomprensible mezcla de sonido y montaje visual crea una experiencia desagradable a nivel audiovisual, cosa que Nolan no ha dejado atrás en La Odisea. Sumando a este espanto auditivo la imagen recortada que verán la mayoría de los espectadores, te dejo con una sola pregunta más querido lector, ¿realmente sigue haciendo Nolan películas para el público general o se ha olvidado de nosotros?
