Arcoiris, purpurina, pelucas y fiesta en la calle. El mes del orgullo es un mes de celebración máxima que muestra todas las facetas más diversas de la comunidad LGTB+. Pero detrás de las carrozas y de los bailes a ritmo de Lady Gaga, no podemos olvidar por qué se celebra el orgullo.

Poder celebrar tan abiertamente (en algunos países) viene a costa de grandes esfuerzos, batallas y pérdidas de generaciones pasadas. De una de estas batallas, que perdura a día de hoy, habla la primera novela del escritor Marcos Augusto.

“Te hice dios” -editorial Random House-  abre un ventanuco a una subcultura de depravación y morbo que no deja de ser afectada por las crudas realidades del mundo. Adoptando una forma casi epistolar, el protagonista nos adentra en su círculo más íntimo para revelar quién era su pareja momentos tras su muerte. Quién era, qué sentía y por qué eligió su propia destrucción a manos del sida.

La epidemia del sida de los años 80 sigue teniendo efectos hoy, efectos que Augusto trata con un lenguaje envolvente que no rehúye de los aspectos más incómodos tanto de la enfermedad como de los efectos que tiene sobre las personas que la rodean. Nuestro protagonista lucha con su propia culpa y a la vez extiende empatía hacia la persona que lo abandona. Augusto hace una exploración íntima sobre la autodestrucción, la culpa y el recuerdo. Sus palabras generan una reflexión sobre el gran vacío que deja el sida, las vidas frenadas en seco y las millones de historias que podrían haber sido.

Así que, si puedes, sal a la calle, celebra quién eres y grita a pleno pulmón que estás aquí (I’m here and I’m queer!) por todas esas personas que quisieran poder estarlo.

Ambar Sidbury