Soren Johansson está muerto, para colmo está en el infierno y para más inri el infierno no es lo que pensaba. 

“Una breve estancia en el infierno” se publicó en el 2009, pero es en los últimos meses cuando ha estado ganando fama gracias a su redescubrimiento y divulgación en redes sociales. 

En las breves pero impactantes 100 páginas de la novela, conocemos a Soren, un mormón condenado al infierno tras su muerte de un cáncer. Todo pinta muy mal, pero afortunadamente, el infierno al que es sometido es finito. El único problema es que tiene que encontrar el libro de su vida en una biblioteca sin fin que contiene todos los libros habidos y por haber.

Peck nos pinta una imagen de un infierno, inspirado en La Biblioteca de Babel de Jorge Luis Borges, que destruye las almas de sus habitantes con una incesante monotonía en la cual se explora el sentido de la fe y la esperanza. El terror existencial de esta novela es uno que desafía al mismísimo Kafka, indagando en la desesperación de nuestro protagonista con un palillo de dientes, de manera lenta y constante. Este terror es equilibrado por un sentido del humor afilado que parece ser un pequeño salvavidas para nuestro protagonista, al que encontramos ahogado en un océano de angustia. 

Pocas veces una se encuentra algo bueno en redes sociales, pero he de decir que este libro ha sido una excepción. Sin duda se ha convertido en un libro que pienso volver a leer con frecuencia, dando la impresión de mejorar con cada lectura.