Tres vidas interconectadas afectadas por la guerra civil desvelan la represión de la homosexualidad a lo largo de la historia.
Se acabó el dicho de «el cine español es una mierda». Ha habido muchas películas que deberían haber puesto fin a esta frase, pero lo que han conseguido los Javis con La Bola Negra es un logro monumental innegable.
Estamos viviendo unos tiempos de olvido. El consumo inmediato y fugaz hace que nada perdure por lo que es difícil concienciarse de toda la historia que nos ha llevado hasta este momento. Los Javis han creado una carta de amor hacia generaciones pasadas de homosexuales, usando como inspiración la obra inacabada de Lorca, han reconocido todas las vidas que no pudieron ser vividas y la tragedia que yace en esas ausencias.
Con un modesto presupuesto los Javis han conseguido crear una obra que saca el cine queer de la esfera indie y la planta orgullosamente al nivel de otras películas bélicas de gran escala. Este logro lo consiguen en parte gracias a la devastadoramente bella fotografía de Gris Jordana y las interpretaciones de los actores, especialmente Penélope Cruz (que estalla en pantalla con un breve pero memorable cameo) y Guitarricadelafuente, que interpreta al personaje de Sebastián con una maestría que es difícil creer que es su debut como actor.
La Bola Negra no es solo una película bélica queer. Es una obra necesaria. La historia del colectivo LGBT+ es también historia de España. La Bola Negra echa los ojos hacia el pasado y nos implora no olvidar, para que la herencia del dolor no caiga en el vacío.
