San José también existe, deben pensar muchos vecinos de este barrio nijareño. Y lo meditan con razón cuando conocen la amplia reforma que se está realizando en el Parque de Los Olívicos, en Campohermoso, las obras de regeneración urbana del casco urbano de Níjar, también la compra de terrenos en la Villa para aparcamiento y parque con jardines, la transformación integral de barrio Piqueras, en Campohermoso, la renovación del alumbrado exterior de San Isidro, Níjar y Campohermoso… obras en ejecución, concluidas, o proyectadas que vienen a demostrar como para la Corporación municipal nijareña algunos barrios parecen contar más que otros.

Mas la cuestión no es negar que las zonas con mayor intensidad de población requieran más servicios. Es lógico que donde vivan más personas existan mayores demandas de infraestructuras, transportes, seguridad, limpieza y mantenimiento como ocurre con San Isidro, Níjar y Campohermoso. Sin embargo, convertir la densidad en el único criterio de inversión puede generar una forma silenciosa de discriminación municipal: aquella que deja atrás a barrios menos poblados, periféricos, o históricamente olvidados como ocurre con San José y otras pedanías nijareñas.

Un ayuntamiento no gobierna sólo para las mayorías numéricas, sino para todo el territorio municipal. La obligación de una administración local, como la de Níjar, no debería medirse únicamente por el número de votos, habitantes o establecimientos abiertos en la población, sino por el equilibrio territorial, la justicia en el reparto de recursos y la garantía de que ningún vecino se sienta, como ocurre en muchos barrios de esta Villa, ciudadanos de segunda por vivir en zonas con menor densidad de población.

Si como asegura el alcalde de Níjar quiere representar y gobernar para todos los nijareños, debe también mirar más allá  de los barrios con mayor peso electoral y demográfico. Un gobierno municipal justo no es aquel que atiende solo donde hay más gente, sino aquel que garantiza que vivir en un barrio menos poblado no signifique vivir con menos derechos y donde el código postal del territorio no pese más que sus necesidades.