Tim, ¿qué te llevó a Sorbas en 1993 y en qué momento pensaste: “voy a construir un instrumento musical con este tallo floral de la pita”?
Lo curioso es que nada de esto estaba previsto. Cuando llegué a Almería en 1993 no estaba buscando la pita ni imaginaba que acabaría dedicándole gran parte de mi vida.
Había emprendido un viaje en autocaravana siguiendo mi interés por conocer nuevos lugares y culturas. Así fue como llegué a Las Negras, donde conocí a Pedro, un constructor de tambores y músico extremeño que acabaría convirtiéndose en mi maestro. Fue él quien me llevó a Sorbas y quien me enseñó por primera vez las posibilidades del tallo floral de la pita. El 3 de noviembre de 1993 terminamos juntos mi primer tambor de pita. Ese fue el momento en que comenzó todo.
Mirándolo en perspectiva, quizá nada de esto fuera tan casual como parecía. Crecí en Hamburgo, la llamada «puerta al mundo», en el seno de una familia para la que los viajes, la música y el contacto con otras culturas formaban parte de su vida. Nuestra relación con España, además, se remontaba a los años cincuenta.
Aquel día no solo descubrí un oficio que unía mis tres grandes pasiones —los viajes, la música y la madera—. También comenzó una relación con una planta que, con el paso de los años, se convertiría en el eje de mi vida. Desde entonces, la pita me ha acompañado en cada etapa del camino: me ha permitido crear instrumentos, artesanía, experiencias y proyectos que jamás habría imaginado entonces. Más de treinta años después, sigo aprendiendo de ella. Lo que comenzó con un tambor se ha convertido en una fuente inagotable de inspiración que continúa abriéndome nuevos caminos.
¿Cómo reaccionó la gente de Sorbas cuando empezaste a recoger en el desierto aquellos tallos secos de la pita que parecían no tener ningún valor?
Muchas veces tuve la sensación de haber cambiado la forma de ver una planta que la gente conocía desde siempre, pero cuyo potencial apenas nadie había percibido de esta manera.
Para muchas personas, las pitas estaban ligadas a recuerdos de la infancia o de sus abuelos. Forman parte del paisaje de Almería desde hace generaciones y, para muchos, incluso representan una parte de la identidad de esta tierra. Antiguamente, los tallos florales se utilizaban como vigas para tejados, escaleras o pequeñas construcciones.
La planta, por tanto, no era en absoluto una desconocida. Lo novedoso era la idea de utilizar aquel material tan familiar para construir tambores y, más adelante, muchos otros objetos hechos a mano. Al principio, aquello sorprendió a mucha gente, pero también despertó una gran curiosidad.
El nombre: “Timbe Crafts” suena como un ingenioso juego de palabras entre tu nombre y la palabra inglesa timber (madera). ¿Fue algo planeado desde el principio?
No exactamente, aunque la relación resulta bastante evidente. El nombre “Timbe” surgió originalmente de la unión de mi nombre, Tim, y las primeras letras de mi apellido. De hecho, al principio el proyecto se llamaba “Timbe Drums”, porque en aquella época todo giraba en torno a la construcción de tambores.
Con el paso de los años, el proyecto fue evolucionando y dejaron de surgir únicamente tambores. Así nació “Timbe Crafts”, un nombre que, visto en perspectiva, encaja mucho mejor con lo que hago hoy, ya que mi trabajo abarca mucho más que la construcción de instrumentos musicales. Y que “Timbe” recuerde al mismo tiempo a la palabra inglesa timber es una coincidencia de la que sigo disfrutando hasta el día de hoy.
El material y el oficio
La madera de pita es extremadamente ligera y posee una estructura interna extraordinaria. ¿Cuáles son los mayores desafíos a la hora de trabajarla en comparación con las maderas tradicionales?
La pita reúne una serie de contrastes fascinantes: por fuera es sorprendentemente dura, mientras que por dentro es ligera y fibrosa. Crece en condiciones extremas, en pleno desierto, y aun así desarrolla propiedades que normalmente asociaríamos a las maderas tropicales más densas.
Sin embargo, el mayor desafío no es el material en sí, sino comprender cómo funciona. Muchos profesionales de la madera intentan al principio trabajar la madera de pita como si fuera una madera dura convencional. Pero, desde un punto de vista biológico, la pita se parece más a una hierba gigante (tipo bambú) que a un árbol, y posee características muy particulares.
Sus troncos son redondos, a menudo cónicos o curvos, y nunca completamente uniformes. La mayoría de las máquinas de un taller, en cambio, están diseñadas para trabajar con tablas y vigas rectas. Por eso hay que cambiar la forma de pensar y aprender a trabajar con el material, en lugar de luchar contra su forma natural. Lo mismo ocurre con las técnicas de unión. Donde en una madera dura quizá utilizaríamos un tornillo, en la madera de pita suele funcionar mejor un tarugo de madera u otro tipo de unión constructiva.
Una vez que se comprende esta lógica, muchas cosas se vuelven sorprendentemente sencillas. Eso es precisamente lo que me sigue fascinando después de más de tres décadas. Poder transmitir ese conocimiento a otras personas y ver cómo, gracias a ello, descubren con sorprendente rapidez su propia creatividad y son capaces de superar sus propias expectativas es, para mí, una de las partes más gratificantes de este trabajo.
Los instrumentos fabricados con madera de pita ocupan un lugar fundamental en tu trabajo. ¿Qué diferencia su sonido del de los instrumentos elaborados con maderas convencionales?
Por supuesto, cada instrumento tiene sus propias características sonoras, pero, en general, percibo la madera de pita como un material más cálido y suave que muchas maderas duras convencionales. Mientras que los instrumentos fabricados con maderas muy densas suelen producir sonidos más directos, brillantes o incluso algo más duros, la madera de pita desarrolla una sonoridad especialmente cálida y natural. Quizá se deba también a que este material ha crecido bajo las condiciones extremas del desierto. De algún modo, parece llevar en su interior la calidez de este lugar.
Pero, al final, también es una cuestión de gustos. Hay músicos que buscan un sonido potente y con gran proyección, mientras que otros se sienten más atraídos por timbres cálidos y armoniosos. Personalmente, siempre me ha fascinado precisamente esa calidez que la madera de pita aporta a los instrumentos.
Solo aprovechas la madera de plantas que ya han florecido y han completado su ciclo de vida natural. En tiempos de cambio climático, ¿resulta más difícil encontrar materia prima de calidad en el desierto de Almería?
No especialmente. Las pitas son plantas que llevan miles de años adaptándose a entornos secos y condiciones extremas. Podría decirse que están especializadas en ello por naturaleza. Precisamente por esa capacidad, en muchas partes del mundo se consideran uno de los cultivos con mayor potencial para regiones cada vez más afectadas por la sequía y el cambio climático.
Según mi experiencia, la madera de pita de Almería es de una calidad excepcional. He trabajado con pitas de distintos países, entre ellos Etiopía, Brasil y Chile, y sigo sorprendiéndome del potencial que tienen las poblaciones de esta región. Por eso considero fundamental promover un uso responsable de este recurso y tomar conciencia del valor que esta planta puede tener para las generaciones futuras.
Lo que sí observo con preocupación es la expansión del picudo negro, una plaga que en los últimos años ha causado importantes daños en las poblaciones de pita. Muchas plantas mueren hoy antes de completar su ciclo de vida natural.
Llevo más de treinta años observando las poblaciones de pita de esta región, y la clave está, sobre todo, en elegir el momento adecuado para la recolección. Gracias a una autorización excepcional de la Consejería de Sostenibilidad y Medio Ambiente, así como al consentimiento de los propietarios de los terrenos, puedo realizar un seguimiento continuado de estas poblaciones. Antes de cada recolección realizo varias inspecciones y selecciono cuidadosamente los ejemplares que han alcanzado su punto óptimo de madurez.
El taller y la comunidad
Tu taller en Sorbas ha sido reconocido como un “Punto de Interés Artesanal” y se ha convertido en un referente en Andalucía. ¿Qué importancia tienen para ti el contacto con los visitantes y la transmisión de tus conocimientos a través de visitas guiadas y talleres?
El intercambio con los visitantes es una de las partes más valiosas de mi trabajo. No se trata solo de transmitir conocimientos, sino, sobre todo, de generar encuentros. Cada persona aporta su propia mirada. Los músicos se interesan por los sonidos, quienes trabajan con la madera por el material; las familias disfrutan de tiempo creativo juntas y otras personas descubren, a través de la pita, temas como la sostenibilidad, la naturaleza o la historia de esta región.
Por eso me apasionan los talleres. Lo especial de la madera de pita es que puede trabajarse de una forma que prácticamente cualquier persona puede manejar, independientemente de su edad, de sus conocimientos previos o de su experiencia manual. Muchos participantes llegan convencidos de que no son hábiles o de que no tienen suficiente creatividad, y pocas horas después regresan a casa con una pieza creada por ellos mismos. Para muchos, eso es mucho más que un simple recuerdo. Es una experiencia que inspira confianza y puede dejar huella para toda la vida.
Ver cómo las personas recuperan la confianza en sus propias capacidades y se atreven a ir más allá de lo que creían posible es, para mí, una de las mayores satisfacciones de este trabajo.
Tus trabajos han llegado ya a más de 40 países. ¿Quiénes son las personas que se interesan por tus creaciones y por tu trabajo?
Así es. A lo largo de los años, varios miles de mis creaciones han encontrado su camino por el mundo: desde grandes y pequeños escenarios hasta estudios de grabación profesionales, colecciones privadas y la vida cotidiana de sus propietarios. Hoy pueden encontrarse en muchos países de Europa y Estados Unidos, pero también en Brasil, Japón, India y Nueva Zelanda.
Y lo más interesante es que no existe un perfil típico. Con el paso de los años, personas muy diferentes se han interesado por mi trabajo: músicos profesionales, musicoterapeutas, artistas sonoros, coleccionistas, familias, viajeros y personas que simplemente sienten una conexión especial con la naturaleza, el trabajo de calidad y los materiales sostenibles.
Lo que muchos de mis clientes tienen en común es su aprecio por los objetos con historia y carácter. Perciben que este material tiene algo especial. No procede de una producción industrial, sino del ciclo natural de vida de una planta. Quizá sea precisamente esa autenticidad lo que atrae a personas tan diferentes. Y eso me alegra especialmente, porque cada pieza se convierte también en una embajadora de la historia de este extraordinario material nacido en el desierto de Almería.
Mirando al futuro
Después de flautas, tambores, didgeridoos y muchas otras creaciones, ¿hay algún proyecto o idea que te gustaría hacer realidad en el futuro?
Por supuesto, todavía hay muchos instrumentos e ideas que me gustaría desarrollar. Pero, si soy sincero, mi mayor proyecto de futuro ya no está ligado a un instrumento concreto, sino a la creación de colaboraciones internacionales en torno a la pita, o agave, como se la conoce en gran parte del mundo. Me fascina la idea de conectar personas, conocimientos y proyectos entre Andalucía, Brasil y México.
Un impulso decisivo en esta dirección surgió gracias al intercambio cultural con la orquesta pitera Som do Sisal, en Brasil, que me invitó el pasado mes de febrero como invitado de honor. Allí pude comprobar la enorme importancia que tiene la pita para la cultura, la identidad y el sustento de muchas personas. Mientras que en Europa suele percibirse como una planta ornamental o silvestre — e incluso como una especie invasora —, allí constituye un importante motor económico y un campo de innovación y desarrollo sostenible.
Lo que más me impresionó fue comprobar el potencial que puede alcanzar esta planta cuando la investigación, los oficios, la cultura y el desarrollo económico avanzan de la mano. En Brasil, la pita ya se está desarrollando estratégicamente en muchos ámbitos. Al mismo tiempo, esa misma planta crece aquí, en Andalucía. Eso abre oportunidades que hasta ahora apenas han sido percibidas. Precisamente por eso, del intercambio con nuestros socios de Som do Sisal ya han surgido ideas concretas para futuros talleres, exposiciones y proyectos musicales y educativos. Paralelamente, también se están desarrollando contactos muy prometedores en México.
La pita me trajo a Sorbas hace más de treinta años. Hoy conecta personas, culturas y proyectos a través de distintos continentes. Si de todo ello nacen colaboraciones duraderas, sería para mí uno de los proyectos más ilusionantes que puedo imaginar.
Llevas más de tres décadas viviendo y trabajando en la provincia de Almería. ¿Qué significado tiene para tu creatividad y tu trabajo la forma de vida andaluza?
La forma de vida andaluza me ha influido de muchas maneras. Sobre todo, aquí encontré algo que ha sido fundamental para mi trabajo: la libertad. El paisaje único, la amplitud de los espacios, la fuerza de la naturaleza y el clima árido me han permitido seguir mi propio camino y desarrollar ideas que quizá nunca habrían surgido en otro lugar.
Habiendo crecido en la “Puerta al Mundo”, he conservado al mismo tiempo la curiosidad por todo lo que ocurre más allá de mi entorno. Muchas de las inspiraciones que siguen dando forma a mi trabajo nacen de los viajes, de los encuentros y del intercambio con personas de diferentes culturas. Quizá ahí resida la combinación especial de mi trabajo: ideas que llegan desde distintas partes del mundo y encuentran aquí un lugar donde pueden crecer.



