En su ensayo “La política y el lenguaje inglés” el escritor y periodista George Orwell hacía extensible a todos los partidos políticos, desde los conservadores a los anarquistas, que “el lenguaje político está diseñado para que las mentiras parezcan verdades, el asesinato una acción respetable y para dar apariencia de solidez al puro viento”. Una alumna aventajada de las tesis lingüísticas sostenidas por el novelista británico pulula por esta tierra: me refiero a Carolina España, vicepresidenta tercera de la Junta de Andalucía.

Cada vez que la Contabilidad Regional de España (CRE) presenta las estimaciones autonómicas del PIB regional por habitante de las distintas comunidades autónomas, la también consejera de Economía, Hacienda y Fondos Europeos suelta una arenga que tras su lectura, bostezo mediante, no queda más remedio que proclamar eso de: “qué bien habla esta consejera, que no se le entiende nada”.

En su perorata a la hora de analizar los datos de la Contabilidad Regional en términos de PIB per cápita, España hace una mezcolanza de datos, fechas, conceptos y porcentajes a mayor gloria del presidente Bonilla. Mas los datos son tozudos y, según los que facilitó el INE la pasada semana, el PIB regional por habitante en el año 2025 fue en Andalucía de 26.091 euros, 8.000 euros menor que la media nacional. Una riqueza por residente anclada en el tiempo y tan sólo por encima de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla.

En cuanto al vigor económico, Murcia fue la Comunidad que más creció en 2025 con un 3,8% de incremento del PIB regional, según la estadística del INE. Le siguieron Extremadura (3,2%) y La Rioja y Castilla y León que mejoraron un 3%, frente a la media nacional que aumentó un 2,6%. Por su parte, Andalucía subió el pasado año un 2,8% en línea con el conjunto del país, un avance mucho más moderado que en 2024 que fue del 4,4%, aunque lejos todavía de los niveles de renta, productividad y bienestar de otros territorios más desarrollados.

Que los políticos no son gente de palabra es cosa bien sabida y en absoluto un dechado de sinceridad. Sus discursos están generalmente repletos de una palabrería esperanzadora que parece proyectarse en sentido contrario a la realidad que vivimos, como tan bien manipula la consejera España. Eufemismos y frases amables llenas de objetivos cumplidos y superados que nos predica cada día desde el púlpito institucional, para más tarde darnos de bruces cuando nos enteramos de la realidad de esta tierra a través de los indicadores oficiales.

No está en duda el compromiso y esfuerzo del presidente Moreno Bonilla en reducir distancias e ir convergiendo con territorios más desarrollados. No obstante, sería conveniente que el humo del incienso que aviva con tanta fruición la vicepresidenta y otros miembros del ejecutivo andaluz fuera más comedido, salvo que el turiferario pretenda seguir distorsionando la realidad de esta tierra.

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