Las cicatrices de la crisis de Andalucía en materia de Dependencia siguen vigentes y continúan presentes a pesar de las milongas que con frecuencia escuchamos a la consejera en funciones de Inclusión Social, Juventud, Familias e Igualdad de la Junta de Andalucía, Loles  López. Una retahíla de eslóganes, en este caso, destacando el nuevo modelo de dependencia en Andalucía y la apuesta “sin precedentes del Gobierno andaluz por regularizar y agilizar el  Sistema de Dependencia”, según su última perorata. Un reto que ha supuesto, según López, “un nuevo récord en el Sistema de Dependencia a mayo de 2026”. Se ignora la marca a la que se refiere la locuaz consejera, mas los datos no parecen ser acreedores de pedestal.

En efecto, durante el pasado año cerca de 7.000 personas fallecieron en Andalucía a la espera de recibir la atención a la Dependencia a la que tenían derecho por ley, mientras que sólo en los cuatro primeros meses de este año ya son 2.204 las personas fallecidas en la misma situación. Una mayoría (1.502) sin llegar incluso a ser valoradas por la Administración regional, según los datos del Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia, la red pública española que vigila la atención y protección de las personas en situación de dependencia.

Una lamentable realidad consecuencia de una interminable y cada vez mayor lista de espera para resolver el expediente de resolución de los andaluces que lo solicitan: 446 días. La segunda comunidad con mayor tiempo de espera tras Murcia (552 días), 126 días por encima de la media nacional (320 días), y un plazo que supera más del doble legal estipulado de 180 días.

Para la Federación de Organizaciones Andaluzas de Mayores (FOAM) estos indicadores, que suponen el 18,65% de toda la espera nacional,  evidencian un «cuello de botella grave» en la fase inicial de valoración del sistema andaluz. Una demora administrativa que resulta «especialmente perjudicial» para los solicitantes con menor esperanza de vida.

No obstante López, contumaz, sigue proclamando un discurso cada vez más insuficiente y estéril a la vista de los resultados que se conocen. Una retórica que maneja hábilmente desde el pulpito institucional y que, posteriormente, se da de bruces cuando entendemos la realidad desde otras vertientes. Una brecha que no ha hecho más que crecer en el tiempo, afianzando así las desigualdades históricas que en dependencia vienen padeciendo los ciudadanos de esta comunidad.