En el mundo del arte, la idea de que el talento debe manifestarse desde la juventud ha sido comúnmente aceptada. Sin embargo, existen numerosos ejemplos de pintores que encontraron su verdadera vocación artística en etapas avanzadas de su vida. Estos “pintores con vocación tardía” demuestran que la creatividad no entiende de edades y que nunca es tarde para descubrir y desarrollar una pasión.  Es el caso de Julio Escurín, vecino de San José, que durante la primera quincena de junio nos ofrece una propuesta como pintor de vocación tardía en la sala de exposiciones El Faro, en Roquetas de Mar, del 1 al 12 de junio.

Aun cuando en su infancia ya apuntaba maneras como dibujante, tal vez inspirado  por aquellos tebeos del genial Boixcar, no fue hasta su retiro laboral cuando Escurín encontró su verdadera inclinación artística a través del carboncillo, el pastel y el óleo, para posteriormente inclinarse por la versatilidad del acrílico para sus cuadros, la técnica que ahora utiliza para la ejecución de sus obras y que está recibiendo generales elogios. Una crónica visual sobresaliente de los rincones del paraje incomparable de San José y del Parque Natural de Cabo de Gata, lugares que se convierten para el artista en referencia e inspiración para sus lienzos.

En definitiva, un ejemplo inspirador de que el arte puede florecer en cualquier momento de la vida como a Julio Escurín. Así, su legado nos invita a romper prejuicios sobre la edad y a valorar la creatividad como una vía de realización personal y social, independientemente de cuándo se descubra.

Actualmente continúa su formación en Centros de San Isidro y Campohermoso compartiendo caballete con artistas de todas las generaciones.