Con júbilo desbordante se manifiesta el alcalde de Níjar, José Francisco Garrido, a la vista de las previsiones que para esta temporada turística pronostica la Asociación de Servicios Turísticos del Parque Natural Cabo de Gata-Níjar (ASEMPARNA). Una predicción con ocupaciones en agosto que rozan el lleno y superiores al 75% el resto de meses estivales gracias, sostiene el regidor, “al trabajo conjunto que venimos realizando desde el Ayuntamiento junto al sector turístico del municipio para consolidar a Níjar como uno de los grandes destinos de naturaleza, playa y calidad de España». Faltaría más.

Explotar la “gallina de los huevos de oro” puede parecer a corto plazo una estrategia rentable: más visitas, ingresos y actividad económica para unos pocos. Sin embargo, cuando un destino, como Níjar, basa su desarrollo únicamente en atraer turistas sin límites y planificación, corre el riesgo de destruir aquello que lo hace atractivo.

La masificación, una realidad a la que Garrido parece inclinarse a pesar de sus prometedoras manifestaciones de “preservar el patrimonio que nos hace únicos”, encarece la vivienda, satura y deteriora los servicios públicos y menoscaba el patrimonio natural. Carencias que vienen sufriendo sus vecinos, hastiados de reclamar el cumplimiento de servicios básicos elementales como la limpieza, sanidad, recogida de residuos, tráfico, vivienda, infraestructuras…

Si se exprime en demasía esa “gallina de los huevos de oro”, llegará un momento en que dejará de poner huevos, el destino perderá autenticidad, desencadenará hartazgo en los vecinos (aún más), y los propios turistas buscarán lugares menos degradados. La verdadera riqueza turística no consiste en crecer sin medida, sino en cuidar aquello que permita que el turismo siga siendo valioso en el futuro, protegiendo el equilibrio entre beneficio económico, calidad de vida y conservación del entorno.

Únicamente un avance responsable que tenga en cuenta no solo las grandes cifras o los ingresos del sector sino también la satisfacción ciudadana, serán cuestiones fundamentales para que el turismo en Níjar no deje de ser una oportunidad compartida, y que una historia de éxito como la de Cabo de Gata-Níjar no termine en fracaso.