Han pasado 25 años desde el estreno de Harry Potter y la piedra filosofal, un hecho que me hace sentir tremendamente mayor. Para celebrar este cuarto de siglo, los cines Yelmo han reestrenado la película, llenando a capacidad las salas casi todos los días que estaba en cartelera. Uno de esos días ahí estaba yo, en una sala a reventar de gente que, igual que yo, hace 25 años su mundo cambió al escuchar las primeras notas de la ahora icónica banda sonora de John Williams. La emoción por sentir lo mismo que hace 25 años era infecciosa, pero al terminar la película no me llenaron esos sentimientos, sino una nostalgia agridulce. No pude evitar pensar, ¿la nostalgia es capaz de obviar las crudas realidades del mundo?
Y la realidad es esta. J.K. Rowling creó un mundo de fantasía lleno de magia que impactó a toda una generación de niños. La otra cara es que usa parte del dinero que gana con esta saga limitando los derechos de las personas trans, usando su plataforma para negar su existencia y criminalizarlas. Estas son las dos realidades.
Puedes decir que sigues viendo las películas para apreciar el trabajo de las demás personas que pusieron su esfuerzo y empeño en crear las 8 películas, pero no justifica nada ya que cada entrada para ver un reestreno, cada juguete oficial, cada videojuego…todo es dinero que va directo al bolsillo de la autora.
¿Esto quiere decir que ya no es moralmente ético consumir contenido de Harry Potter? Depende de qué grado de separación deseas hacer del arte y del artista. ¿Cuánto pesa tu nostalgia y qué puede justificar?
Las luces de la sala se encendieron, me retiré las migas de palomitas del regazo y me di cuenta de que la nostalgia es el arma de más peso que tienen los estudios de cine ahora mismo. HBO va a estrenar una serie de Harry Potter a finales de año, y seguro que millones de personas la verán y a raíz de eso J.K. Rowling ganará más dinero y las personas trans sufrirán por ello.
Comprar una entrada de cine es como votar. Le estás indicando a los estudios qué quieres ver. Desde luego lo que quiero ver es un mundo justo para todos por lo que me queda una batalla por delante entre mi nostalgia y mi moralidad.
