Con motivo de su próxima exposición en Cactus Níjar este próximo sábado a partir de las 21:00, entrevistamos a la artista almeriense.

-Emilia, ¿En qué momento sentiste que la pintura dejaba de ser solo un refugio personal para convertirse en una vocación profesional?

Fue algo que fue creciendo poco a poco. Empecé a pintar para desconectar, para tener un espacio propio en el que olvidarme del ritmo del día a día. Con el tiempo, empecé a necesitar aprender más, dedicarle más horas y compartir lo que hacía. Creo que ahí fui tomando conciencia de la importancia que tenía la pintura en mi vida. Poder formarme con grandes maestros y afrontar trabajos como un retrato de José Mercé son experiencias que te animan a seguir y también te hacen más exigente contigo misma. Pero la pintura sigue conservando ese sentido inicial: frente al lienzo sigo encontrando mi espacio de calma.

-¿Qué tiene la luz de Almería que sigue inspirándote cada vez que te pones frente al lienzo?

Lo que me sigue sorprendiendo es cómo transforma un mismo lugar. Puedes volver muchas veces a un rincón de Cabo de Gata y encontrar colores y sensaciones diferentes según la hora, el cielo o la época del año. Me atrae mucho el contraste entre la tierra, tan sobria, y los matices del mar. Esa luz hace que te detengas en cosas que, de otra manera, quizá pasarían desapercibidas. Además, pintar estos paisajes tiene para mí una parte afectiva: son lugares a los que me siento unida. Intento llevar al cuadro algo de esa emoción de estar allí.

-¿Cómo es tu proceso creativo desde que ves una imagen hasta que se plasma con el pincel?

Lo primero es que algo me llame la atención: una luz, una expresión, una combinación de colores… A partir de ahí, observo y decido qué quiero destacar y cómo organizarlo en el lienzo. Empiezo por el dibujo y las formas principales, y voy trabajando el color, las luces y las sombras antes de detenerme en los detalles. Durante el proceso necesito alejarme del cuadro y volver a mirarlo; eso ayuda mucho a descubrir qué funciona y qué hay que corregir. Dentro del realismo también hay una mirada personal: me interesa que se reconozca lo que pinto y que se perciba lo que me hizo elegirlo.

– ¿Qué experimentan los participantes de Quesos con Arte cuando se enfrentan al lienzo mientras comparten vinos y quesos?

El lienzo en blanco impone al principio, sobre todo cuando alguien lleva años sin pintar o cree que no tiene habilidad. La idea es acompañarles para que se animen a empezar y disfruten sin exigirse un resultado perfecto. Compartir unos quesos, un vino y una conversación ayuda a crear un ambiente relajado, en el que cada uno puede ir encontrando su manera de pintar. Me interesa que sea un rato para dedicarse a uno mismo y, a la vez, compartir con los demás. Que se lleven su cuadro y las ganas de volver a coger un pincel.

-¿Cómo surge Paripel y qué buscas transmitir al dar una nueva vida a los libros?

Paripel parte de la posibilidad de mirar un libro rescatado y descubrir en él una nueva forma de expresión. Un libro tiene una presencia muy especial: sus páginas, su textura y las huellas del tiempo forman parte de su historia. Al transformarlo en una escultura, me interesa conservar algo de esa memoria y hacer que siga despertando curiosidad desde otro lugar. La palabra escrita se convierte también en volumen, en forma y en sombra. Me gusta pensar que esa pieza invita a detenerse y a valorar algo que quizá alguien había dado por perdido, pero que todavía puede emocionarnos.

–Mirando hacia el futuro, ¿qué reto o proyecto creativo tienes en mente?

Mi principal reto es seguir evolucionando y encontrar tiempo para desarrollar con calma las ideas que van surgiendo. Me gustaría profundizar en mi pintura, seguir explorando las posibilidades de Paripel y continuar compartiendo el arte a través de los talleres. La experiencia te da herramientas, pero siempre hay algo que aprender o una propuesta que te obliga a salir de lo conocido. Quiero mantener esa curiosidad y seguir haciendo un trabajo con el que me identifique. Después de tantos años, tener ganas de volver al lienzo sigue siendo el mejor punto de partida.