Hoy comienza la edición número 23 de este consagrado Festival.

–Javier, para quien nunca haya estado en Rodalquilar en verano, y porque va mucho más allá de un concierto en un auditorio convencional, ¿cómo definirías la experiencia de Clásicos en el Parque?

Como algo que va mucho más allá de asistir a un concierto y escuchar buena música. Se trata más bien de experiencias totales que afectan a todos los sentidos. Es de noche, es verano, los recintos están llenos de fuerza, de historia, de magia, el cielo estrellado, el pueblo de Rodalquilar y su encanto, el trato que damos al público… A nadie deja indiferente todo esto. 

-El festival destaca por convocar a un público muy ecléctico. Confluyen desde el melómano más purista hasta el turista que pasa allí sus vacaciones. ¿Cómo se logra conectar con perfiles tan distintos?

Con una programación variada y de primerísimo nivel. Nuestre eje es la música clásica, y procuramos traer a los mejores, pero luego hacemos guiños al jazz, al flamenco, la danza o el teatro, de manera que es muy difícil que algún concierto, al menos uno, no te atraiga. 

-Echando la vista atrás, el festival nació en 2004. Has comentado alguna vez que, al principio, montar esto en Rodalquilar «fue una locura» y que apenas contabas con apoyos. ¿Cómo recuerda esos inicios y qué queda hoy de ese espíritu original?

Los recuerdo llenos de ilusión y de la fuerza que pueden dar 23 años menos. El espíritu es el mismo, traer música clásica y cultura de primera categoría a Rodalquilar y el Cabo de Gata, un territorio maravilloso, pero casi siempre alejado de los circuitos culturales. Con el tiempo han aparecido, por suerte, muchas otras propuestas, pero en el 2004 no creas que había tantas. 

-En este camino, el festival se ha convertido en un imprescindible para la comarca de Níjar. ¿Cómo valoras el impacto y la simbiosis que se ha creado con el entorno local?

Creo que el festival dinamiza el parque cada segunda quincena de julio. Hay gente que organiza sus vacaciones para estar aquí esos días, público que se desplaza desde toda la provincia, y muchos extranjeros también. La hostelería lo agradece, y además hemos ayudado a colocar el pueblo de Rodalquilar en el mapa cultural del país. 

-Pasemos a la propuestas artísticas. Las programaciones se caracterizan por «romper la línea» y escapar de la norma. ¿Cuál es el criterio para seleccionar a los artistas y los repertorios de cada edición?

Cada vez es más difícil. La lista de propuestas que nos llega crece y crece cada año, y si algo me cuesta es decir que no. Pero el festival es lo que es, entre cinco y ocho conciertos como mucho, así que toca seleccionar. La idea es que sean artistas de primer nivel, que la propuesta sea original y no solo un concierto al uso (para eso están los auditorios), y que el conjunto conforme una especie de menú de exquisiteces, porque es lo que son, exquisiteces musicales. 

-También hay una apuesta clara por dar voz a la innovación y a la memoria histórica, como el rescate de obras de compositores olvidados o la reinterpretación de clásicos en clave contemporánea. ¿Es esto parte de la responsabilidad social del festival?

Desde el inicio hemos procurado dar espacio a toda propuesta que se salga de la línea habitual, aunque sin olvidar nunca al público y sus gustos. Es un festival de verano y no sería adecuado, creo, exigir demasiado a quienes nos visitan. Aun así, hemos programado danza contemporánea, literatura y música, compositoras rescatadas del olvido, cabaré, óperas no muy conocidas en pequeño formato y un larguísimo etcétera. 

-Este año, el Festival celebra su edición número 23. ¿Qué se va a encontrar el espectador durante estos días?

Cinco experiencias únicas en el corazón del Cabo de Gata. 

-Con un recorrido tan sólido a sus espaldas, ¿hacia dónde camina Clásicos en el Parque? ¿Cuáles son los principales retos de cara a los próximos años?

Ahora mismo el reto es llegar a los 25 años con más fuerza si cabe y celebrar el cuarto de siglo con un festival aún más potente, dar un salto en definitiva. 

-Para terminar, si tuvieras que elegir un solo instante, una imagen mental que resuma lo que significa este festival después de tantos años, ¿cuál sería?

Quizá mi primera noche en Rodalquilar. En aquel 2004 organizábamos también un curso de música y, una vez colocados los alumnos y todo en marcha, sentí por primera vez ese algo tan especial que tiene esto, esa magia. Fue un flechazo, no me cabe duda: han pasado 23 años y aquí sigo.