Vive y trabaja desde su taller en Almería. Su trayectoria creativa ha sido un viaje de transformación y búsqueda constante hacia la excelencia. Hablamos con Belén Besga
-Tu trayectoria es una auténtica metamorfosis: estudiaste Arquitectura Técnica en Granada, te formaste en Interiorismo, Diseño gráfico, Fotografía y Cerámica en Almería, y hoy modelas porcelana y metal. ¿Cómo dialogan la estructura de un edificio o la tridimensionalidad del diseño interior con la delicadeza de una joya contemporánea?
-No veo mi trayectoria como una suma de disciplinas diferentes, sino como distintas formas de mirar el espacio, la materia y la belleza. La Arquitectura Técnica me enseñó a comprender la estructura y el equilibrio; el interiorismo, la relación entre las personas y los espacios; el diseño gráfico, la importancia de la composición; la fotografía, la luz y la mirada. Todo eso sigue presente cuando creo una joya o una pieza de porcelana.
Creo que nunca he dejado de ser arquitecta, simplemente he ido reduciendo la escala. Pasé de pensar en edificios a pensar en espacios, de los espacios a los objetos, y de los objetos a las joyas. Pero el proceso creativo sigue siendo muy parecido: observar, imaginar, proyectar y construir.
-Hubo un punto de inflexión en tu carrera: Florencia, año 2019. ¿Qué ocurrió en ese taller italiano para que decidieras que tu camino estaba en el barro y la porcelana?
-En Florencia descubrí que el lenguaje va mucho más allá de las palabras. Sara Federicci y yo apenas compartíamos idioma, pero compartíamos una forma de mirar. Hablábamos de arte, de la materia y de preguntas profundas sobre la creación, cada una en su lengua. Y, sin embargo, nos entendíamos. Aquella experiencia me enseñó que la cerámica no es solo una técnica; es una forma de escuchar, observar y dialogar con el mundo. Creo que allí aprendí la calma, el ritmo de la materia y el amor por las cosas hechas con conciencia.»
Florencia me hizo comprender que el tamaño de una ciudad no determina su capacidad para generar cultura. Lo que me impresionó no fue el número de habitantes, sino la cantidad de talleres, artesanos, diseñadores y creadores que forman parte de la vida cotidiana de la ciudad. Allí entendí que la cultura no es un complemento, sino una forma de construir identidad y riqueza
Creo que ha llegado el momento de que empecemos a mirar nuestra ciudad desde otra perspectiva. Almería no debería promocionarse únicamente por su sol y sus playas. También puede convertirse en un referente cultural, artístico y artesanal, un lugar donde los creadores encuentren oportunidades, donde los talleres abran sus puertas y donde el visitante descubra experiencias auténticas ligadas al diseño, al arte y a los oficios.
Me gusta pensar que cada taller, cada artista y cada artesano que apuesta por quedarse y crear aquí está contribuyendo a construir esa visión de futuro. Una Almería que no solo se visita por su clima, sino también por su talento.
Formación y Filosofía Creativa
-Para dar forma a esa vocación no te quedaste en la superficie. Te has formado con grandes nombres de la cerámica y la joyería como Ana Felipe, María Torné, Marta Armada o en la escuela Lalabeyou de Madrid. ¿Qué te aportó cada maestro para definir tu propio «estilo BelBes»?
-Cada maestro me dejó una huella distinta. De algunos aprendí técnica, de otros disciplina, de otros una manera diferente de mirar los materiales. Pero también aprendí algo fundamental: que el camino del artista consiste en hacer muchas preguntas y no conformarse con las primeras respuestas.
Mi estilo es realidad es una búsqueda de mi propia identidad, como persona y como artista y no nace de una sola influencia, sino de todas las personas, lugares y disciplinas que han pasado por mi vida. Por eso me cuesta definirlo con una palabra. Es curioso, inquieto, y muy personal. En mi estilo no solo influye el arte, también la filosofía, mis creencias, la literatura y todo aquello que conforma mi espíritu y mi pensamiento. Siempre digo que no me interesa repetir lo que ya existe; me interesa descubrir lo que todavía no sé hacer.
-Defines tu estilo como una mezcla entre «minimalista y ecléctico», diseñado para «personas que se sienten libres». ¿Cómo se logra el equilibrio entre la sencillez del minimalismo y la mezcla del eclecticismo?
-Mucha gente ve el minimalismo y el eclecticismo como conceptos opuestos, pero para mí son perfectamente compatibles. El minimalismo aporta claridad, equilibrio y la capacidad de eliminar todo lo que sobra. El eclecticismo, en cambio, aporta libertad, curiosidad y la posibilidad de conectar influencias distintas.
Mi trabajo nace precisamente de ese diálogo. Me atraen las líneas limpias, las formas esenciales y la belleza de la simplicidad, pero también me inspiran la arquitectura, la naturaleza, los viajes, la historia, el arte contemporáneo y las pequeñas imperfecciones que hacen única una pieza.
No busco acumular elementos, sino encontrar la esencia de cada uno de ellos. Quizá por eso defino mis creaciones como minimalistas y eclécticas a la vez: son piezas aparentemente sencillas, pero detrás de ellas conviven muchas referencias, experiencias e influencias.
Cuando digo que diseño para personas que se sienten libres, me refiero a personas que no necesitan encajar en una etiqueta. Personas que valoran la autenticidad, que eligen lo que les emociona y que entienden que la verdadera elegancia nace de ser uno mismo. Creo que mis piezas hablan precisamente de esa libertad.
–Sobre tu lugar de creación dices: «Aquí no hay prisa: solo arcilla, metal, fuego, paciencia y mucha ilusión». En un mundo hiperconectado y de consumo rápido, ¿es tu taller en Almería un acto de resistencia?
-No es resistencia contra el tiempo: es respeto por el tiempo que necesita cada cosa para ser bien hecha.
-No solo haces joyería Belén; también creas pequeños murales en gres. ¿Qué te da el gran formato de un mural que no te dé la joyería, y viceversa?
-La diferencia principal es la relación con el cuerpo y con el espacio. La joyería es íntima. Es casi una extensión de quien la lleva. Me obliga a pensar en la escala mínima, en el detalle absoluto, en cómo una pieza pequeña puede tener presencia, carácter y emoción sin necesidad de imponerse. Es un lenguaje muy directo, muy cercano, casi silencioso.
El mural en gres, en cambio, es otra forma de respiración. Me permite ampliar la mirada, trabajar con el ritmo del espacio, con la luz, con la distancia. Ya no pienso solo en el objeto, sino en cómo ese objeto transforma un lugar y dialoga con quien lo habita.
En la joyería busco la intensidad en lo pequeño. En el mural busco la calma en lo amplio. Son dos escalas distintas de una misma idea: crear piezas que no solo se miren, sino que se vivan.
Lo interesante es ese juego entre escalas, donde lo mínimo y lo monumental se responden entre sí.
-¿Qué viene buscando el que cruza la puerta de tu taller y qué le ofreces?
-Mucha gente llega porque la cerámica o la joyería están de moda y quiere vivir la experiencia: probar algo nuevo, regalarse un plan diferente o simplemente ver de qué va todo esto del “hecho a mano”.
Y eso está bien, porque a veces empieza como algo puntual. Pero lo interesante es que, en algunos casos, esa primera toma de contacto se transforma. Descubren que trabajar con la materia les calma, les conecta con el presente y les gusta más de lo que esperaban.
Yo ofrezco esa primera puerta de entrada, sin expectativas. Partiendo de cero. Luego cada persona decide si se queda en la experiencia o si encuentra aquí algo más profundo que quiere seguir explorando. En este caso, les acompaño y transmito todo lo que se, con un horario flexible, pues pueden comprar y reservar clases desde una App.
–El próximo sábado 13 a las 13:00 expones tus creaciones en la Casa de los Volcanes (Rodalquilar) con la Asociación Cultural Cactus Níjar. ¿Con qué se va a encontrar el visitante?
-Con obras de mi primera etapa, en las que exploré las posibilidades de las piezas utilitarias (vajillas) algunas piezas decorativas (jarrones), algunos murales cerámicos y algunas piezas de joyería.
También llevaré fotografías e ilustraciones de mi etapa como fotógrafa y diseñadora gráfica
Mirada al futuro
-Como artista que fusiona tradición e innovación, ¿hacia dónde se encamina el futuro de BelBes?
-Me encamino hacia una mayor profundidad, no hacia la prisa ni la expansión sin sentido. Estoy en un momento en el que me interesa consolidar un lenguaje propio cada vez más claro, donde los objetos decorativos con gres, la porcelana y la joyería dialoguen con más fuerza con la arquitectura, el cuerpo y el espacio. No se trata tanto de cambiar de dirección, sino de afinar lo que ya existe.
También quiero seguir ampliando el proyecto desde la experiencia: talleres, piezas únicas, colaboraciones y proyectos que conecten la creación con las personas de una forma más directa. Me interesa que el proceso tenga tanto valor como el resultado.
Y a nivel más personal, es seguir evolucionando sin perder la esencia: trabajar desde la libertad, la experimentación y el respeto por los materiales. Creo que ahí es donde la tradición y la innovación realmente se encuentran. No busco crecer más rápido, sino crecer mejor.
-¿Hay algún material o técnica con la que estés deseando experimentar próximamente?
-Ahora mismo estoy centrada en seguir profundizando en la porcelana de alta temperatura y en su diálogo con el metal dentro de la joyería. Es un territorio muy amplio que todavía me ofrece muchas posibilidades de exploración.
En el pasado he experimentado con biomateriales aplicados a la joyería, aunque finalmente no continué por esa línea. También estoy trabajando con madera, buscando cómo integrarla en piezas contemporáneas sin perder su esencia.
En un futuro, me interesa seguir investigando la incorporación del vidrio, siempre desde una mirada muy precisa del material y de su comportamiento.
En general, mi búsqueda se centra en materiales que podríamos llamar “nobles” desde una perspectiva casi arquitectónica: materiales con verdad, con presencia y con capacidad de diálogo entre tradición y contemporaneidad.
–¿Cómo ves actualmente al almeriense de cara al arte?
-Creo que Almería está en un momento interesante de crecimiento cultural. Se está empezando a poner en valor la artesanía, el diseño y los oficios creativos no solo como tradición, sino como parte de una identidad contemporánea.
Iniciativas como “Talento Almeriense” de la Diputación son importantes porque ayudan a visibilizar a creadores locales y a darles un marco de apoyo y proyección. Ese tipo de proyectos marcan un cambio de mirada: entender que el talento aquí existe y que puede tener recorrido dentro y fuera de la provincia.
Aun así, todavía queda camino para consolidar un ecosistema cultural estable, donde el arte y la creación no sean algo puntual, sino parte activa de la vida de la ciudad. El apoyo de las instituciones, es fundamental, ayuntamiento, Diputación y Junta, deben ir de la mano para sostener, promocionar y apoyar a todos, lo conocidos, emergentes, grandes y pequeños, formando un gran tejido que dos de identidad. La cultura, la moda y el arte, es un patrimonio identitario muy rentable.
Yo me siento parte de ese movimiento que no solo produce obra, sino que también contribuye a construir un contexto donde crear en Almería tenga sentido y futuro.
–Y para finalizar ¿Cómo se define Belén Besga?
-Me definiría como “la loca más cuerda que probablemente nunca conocerás”. Soy impulsiva y, al mismo tiempo, muy reflexiva; una mezcla que me lleva a actuar con intuición, pero también a pensar lo que hago.
Me considero una persona bohemia y luchadora, que ha aprendido a convivir con las circunstancias adversas intentando transformarlas en algo fértil. Me gusta la compañía, pero necesito la soledad como espacio imprescindible para crear y escucharme.
Soy intensa en lo que hago: puedo ser dramática y cómica a la vez, porque creo que la vida tiene todas esas capas. Y, si tuviera que elegir un pasatiempo esencial, diría que es imaginar. Es ahí donde todo empieza.

