Nos tienen acostumbradas las estrellas del celuloide -qué antiguo- y también del panorama musical desfilar por doquier a la hora de promocionar sus obras más recientes. Un star system que el apolíneo alcalde de Níjar, José Francisco Garrido, maneja a la perfección en el gobierno que preside, aunque con límites territoriales más reducidos: dentro de los 600 kilómetros cuadrados de extensión que tiene la villa que administra.
A José Francisco, con vistas a las elecciones municipales del próximo año, parece que de repente le ha surgido una sorprendente capacidad para posar en las últimas semanas ante obras recién terminadas o todavía en construcción, presentar proyectos largamente anunciados como si fueran conquistas de última hora, presidir actos, fiestas y galas, o inaugurar parques en Albaricoques, Rodalquilar, Níjar, Las Negras, Torre del Campo, Campohermoso…
La profusión de inauguraciones en periodo preelectoral no es una casualidad inocente: forma parte de una forma de hacer política que confunde la gestión pública con la propaganda y el regidor Garrido en un hábil administrador de estos menesteres. Una práctica que sospecho se prolongará los próximos meses, hasta la celebración de comicios municipales, y que los medios sostenemos-incluido EL DIGITAL DE NÍJAR- con mayor o menor interés.
Mas el problema no está en que los gobiernos inauguren servicios, parques, centros culturales o instalaciones deportivas. Si una obra está terminada y beneficia a la ciudadanía, debe ponerse en funcionamiento cuanto antes. Lo cuestionable es el uso interesado del calendario: retrasar presentaciones, concentrar actos públicos y multiplicar fotografías institucionales justo cuando los partidos necesitan visibilidad. En esos casos, el interés general queda contaminado por el interés electoral y cuestiones de resolución vecinal, como el nombre de una calle que se solicita para un exconcejal socialista y alcalde pedáneo de San José, se despacha con el silencio y la manipulación del consistorio.
Quien gobierna, en efecto, tiene derecho a explicar su gestión, pero no a utilizar la maquinaria institucional como altavoz electoral. Por eso convendría exigir una mayor sobriedad institucional al alcalde de Níjar en los meses que aún restan hasta las elecciones del próximo año. Menos cintas, menos fotografías, menos visitas y menos discursos de balance disfrazados de actos administrativos.
En democracia, las elecciones deben ganarse con programas, debates y resultados contrastables, no con una agenda acelerada de inauguraciones y visitas oportunistas en busca de una portada.
