El águila imperial ibérica (Aquila adalberti) es una rapaz que habita exclusivamente en la península ibérica y está catalogada en peligro de extinción. A finales de los años 70 su población no alcanzaba las 50 parejas reproductoras. Los datos actuales recogidos en la nota sitúan su población por encima de las 1.000 parejas nidificantes. En su conservación participan la Administración central, las comunidades autónomas, las entidades conservacionistas y los propietarios de fincas privadas.
El águila imperial se caracteriza —frente a otras rapaces de la Península— por su plumaje de color marrón oscuro con unas características manchas blancas en el borde anterior de las alas. Los juveniles presentan una coloración pardo-amarillenta que con los años va oscureciéndose hasta alcanzar el plumaje definitivo a los 6 años.
Nidifica exclusivamente en árboles, normalmente de gran tamaño, sobre los que realiza la puesta de entre 1 y 4 huevos. Los pollos permanecen en el nido más de dos meses y normalmente solo 1 o 2 logran volar.
Basa su dieta en el conejo. Donde este lagomorfo abunda puede representar el 70% de su alimentación, que completa con córvidos, palomas, liebres, carroña y reptiles. En aquellos territorios donde el conejo es escaso o ha desaparecido, su éxito reproductor es mucho menor y solo suelen producir un único pollo.
El águila imperial ibérica en Andalucía
En Andalucía se han registrado en 2026 un total de 191 parejas reproductoras, que habitan en cinco núcleos poblacionales: Sierra Morena, Doñana, Cádiz, las Béticas de Granada-Jaén y las Campiñas de Sevilla. El seguimiento también recoge la presencia de la especie en otras áreas del oriente andaluz y en las campiñas, mientras que en Cádiz se desarrolla un programa de reintroducción en una provincia donde se había extinguido en el siglo pasado.
El Plan de Recuperación aborda la mortalidad no natural asociada a tendidos eléctricos, disparos y uso ilegal de veneno. Asimismo, contempla acuerdos con propietarios para la mejora de los hábitats y de las poblaciones de especies presa, como conejos y perdices; alimentación suplementaria en parejas reproductoras con problemas; adecuación de plataformas de nidificación para proteger puestas y polladas; rescate de pollos en nido y atención de ejemplares en la red de CREA.
Como otras muchas aves de presa, utiliza los postes del tendido eléctrico como posadero, lo que puede ocasionar su muerte por electrocución, llegando a representar el 50% de los episodios de mortalidad. La corrección de apoyos eléctricos es una de las medidas destinadas a reducir este riesgo para la especie.
Sin embargo, en los últimos años se ha puesto en evidencia la reaparición de otro importante problema de conservación: la persecución directa mediante disparos. El delegado en Almería ha señalado que esta amenaza afecta a una especie en cuya conservación también colaboran el sector cinegético, las sociedades de cazadores y la Federación Andaluza de Caza. Asimismo, ha indicado que estos depredadores desempeñan funciones ecológicas relacionadas con la regulación de las poblaciones de conejo, el consumo de ejemplares débiles o enfermos y las interacciones con otros depredadores, como el zorro o el meloncillo.
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