La transparencia municipal no debería ser una concesión amable de los gobiernos locales, sino una obligación democrática básica que el Ayuntamiento de Níjar lo demuestra con suficiencia negativa.

Dyntra, la primera plataforma colaborativa global de la sociedad civil dedicada a medir, evaluar y gestionar las instituciones públicas, universidades y partidos políticos ha situado al Ayuntamiento de Níjar con tan sólo un 28,8% de cumplimiento de los 184 indicadores que configuran un estudio realizado sobre transparencia municipal entre los consistorios españoles con más de 15.000 habitantes. Un panel relacionado con la transparencia institucional, la participación ciudadana, la información económica, la contratación pública, el urbanismo y los datos abiertos.

En el caso del Ayuntamiento de Níjar,  la transparencia institucional parece encomendarse a las inauguraciones, festejos, galas, visitas, presentaciones… que con tanta profusión y pregón mantiene el regidor y su equipo de gobierno. Una transparencia de escaparate que se prevé vaya en aumento cuanto más se aproximan las elecciones municipales del próximo año.

Ser translucido no consiste precisamente en cortar cintas cada día y despachar besos y abrazos entre los vecinos. Los ayuntamientos también administran dinero público, toman decisiones que afectan directamente a la vida cotidiana de los residentes y gestionan contratos, licencias, presupuestos, subvenciones y servicios esenciales. Por eso, cuando la información se oculta, se publica tarde, aparece incompleta o resulta casi imposible de encontrar, el problema no es solo administrativo: es político y ciudadano.

Un consistorio no es propiedad del partido -o partidos, en el caso de Níjar- que gobierna, ni tampoco una oficina cerrada, es una institución pública cuyas decisiones deben poder ser conocidas, comprendidas y cuestionadas por todos. Naturalmente, también por los vecinos, como una parte saludable del control democrático, aunque en este caso se les suele replicar con el silencio o la displicencia a sus diversos requerimientos de urbanismo, limpieza, tráfico, mobiliario, convivencia ciudadana… que continuamente realizan.

Una muestra más de la falta de cultura transparente que  acredita al gobierno del Ayuntamiento de Níjar. Una opacidad municipal que alimenta cada día la idea de que el ayuntamiento les pertenece y no a la ciudadanía.