El sistema de dependencia de Andalucía ha vuelto a “registrar cifras récord a cierre de agosto pasado”, sostiene ufana la consejera de Servicios Sociales, Familias e Igualdad de la Junta de Andalucía, Loles López, para seguidamente detallar una serie de datos que justifiquen tamaña proeza. Pero la gesta no parece heroica, mas bien pírrica, cuando conocemos el informe del Observatorio Estatal para la Dependencia con datos oficiales hasta mayo de 2026, elaborado por la Asociación Estatal de Directores y Gerentes en Servicio Sociales.
Los datos del Observatorio sitúan a Andalucía, tras la Región de Murcia (552 días), como la Comunidad con un tiempo medio de gestión, desde la solicitud a la resolución de la prestación, más alto del país, 446 días, 126 más que la media nacional y 50 menos que el anterior registro. Una lista de espera que tan sólo entre enero y mayo de esta año ha dejado por el camino un total de 2.204 personas fallecidas en Andalucía pendientes de resolución de grado y resolución de PIA (Programa Individual de Atención), según las mismas fuentes. Una desigualdad que también se proyectan en la diferencia en el gasto por habitante en políticas sociales, donde igualmente sitúan a Andalucía con una inversión entre las más pobres de todas las Comunidades de Régimen Común del país.
La política necesita explicar sus resultados, pero demasiadas veces esa descripción deja de ser rendición de cuentas y se convierte en un ejercicio de autopromoción, una práctica que López maneja a la perfección. Su lenguaje contribuye a esta distorsión. Palabras como “récord”, “sin precedentes”, o por la herencia recibida – “no podemos olvidar que veníamos de plazos que superaban los tres años y medio en la etapa socialista al frente de la Junta”, sentencia la consejera-, son tan habituales en su léxico que terminan perdiendo significado y también la credibilidad de quien las pronuncia. Un narración, en definitiva, diseñada para ensalzar al gobierno de turno y, de paso, al político que las vocaliza.
Mas gobernar no es contar una historia perfecta, sino asumir con transparencia decisiones, resultados y errores. Un relato que no sustituya los hechos y donde se elijan únicamente los datos favorables, silenciándose los indicadores incomodos, y presentando avances parciales como éxitos “sin precedentes”, como hace regularmente la titular de los Servicios Sociales de la Junta de Andalucía. Unas prácticas que no son exclusivas de una ideología, de un partido, ni tampoco de la consejera López.
