La división de los partidos de izquierda en Andalucía ha contribuido de manera significativa al favoritismo del candidato del PP en las elecciones autonómicas del próximo 17 de mayo. Esta fragmentación limita la capacidad de la izquierda para presentar una alternativa sólida y unificada, lo que facilita al PP captar votantes indecisos y consolidar su posición como opción predominante en el actual escenario político andaluz. Además, el desgaste del PSOE de Pedro Sánchez tras años de gobierno y una falta evidente de consensos claros entre las fuerzas progresistas refuerzan el liderazgo del candidato popular frente a una oposición dispersa y debilitada, con tres candidaturas ( PSOE, Por Andalucía y Adelante Andalucía) en liza.
En la campaña para las elecciones andaluzas del domingo que viene se vislumbra al actual presidente, Juan Manuel Moreno, como claro favorito en las encuestas. El líder del PP aspira a revalidar su mayoría absoluta, que requiere de 55 escaños de los 109 que componen el Parlamento andaluz, y algunos sondeos ya se la dan. Un contexto electoral que resulta complicado para el PSOE, que vería como un fracaso tanto la mayoría absoluta del PP como una pérdida propia de escaños en una comunidad que durante décadas fue su feudo electoral.
Tampoco es sencillo para el candidato popular, donde no obtener mayoría absoluta se vería obligado a asumir algunas ideas y conceptos de Vox en asuntos clave como la inmigración o las políticas de género, como ha ocurrido en Extremadura y Aragón, reforzando así aún más a la extrema derecha. Pero los andaluces tampoco olvidan que Moreno Bonilla fue el primer presidente en pactar con Vox para alcanzar la Junta tras su ajustado resultado en 2018. Y fue entonces cuando, por primera vez, Vox se sentó en un Parlamento y comenzó el ascenso del partido de Santiago Abascal en las instituciones democráticas de este país.
Andalucía, que con 8,7 millones de habitantes y serios desequilibrios estructurales, no tiene por qué seguir la senda de las otras comunidades autónomas, donde en la campaña y en los pactos se ha impuesto una retórica de discriminación. Los andaluces merecen ahora escuchar un debate sereno basado en argumentos y a candidatos que reconozcan sus problemas reales y propongan soluciones. Mas no parece ser ese el camino elegido por los candidatos a los comicios del próximo domingo a la vista de la campaña electoral desarrollada. Un relato más interesado en la descalificación del contrario para debilitar su imagen ante el electorado que en aportar las propuestas y argumentos constructivos que esta tierra precisa con urgencia.
Javier de Pablos
