El Centro de Artes Escénicas (CAE) de Níjar vivió este sábado una noche histórica. La Asociación Cultural «Las Refajonas de Níjar» celebró su 40.º aniversario con el espectáculo 40 Latidos, una impresionante gala que fusionó el corazón flamenco y la danza española bajo la dirección de Marta Bonilla.





El evento no fue solo un repaso por cuatro décadas de historia, sino una reivindicación del folclore local. Como se destacó en la presentación lírica del acto, las Refajonas representan «el latido constante de una tradición que se negó a desaparecer», devolviendo al fandango de Níjar el lugar de honor que le corresponde.
Elegancia y orgullo sobre las tablas
El escenario del CAE se llenó de una energía desbordante. El flamenco de Níjar demostró ser mucho más que pasos ensayados; fue una expresión pura de la naturalidad, la pasión y la gracia de unas mujeres que pisan el escenario con un orgullo inquebrantable.
Las imágenes capturadas durante la noche reflejan a la perfección esta dualidad artística. Por un lado, vemos la majestuosidad del grupo de adultas luciendo los tradicionales trajes azul marino con volantes blancos, moviéndose al unísono con una elegancia soberbia y madura al son del piano y las guitarras en directo. Por el otro, el futuro de la tradición está asegurado: las alumnas más jóvenes, con faldas blancas y pañuelos fucsias, iluminaron el escenario contagiando su ilusión y su fuerza, demostrando que el relevo generacional está lleno de talento.
Un nivel digno de Madrid
La emoción llegó a su punto álgido durante los agradecimientos a los músicos, a la profesora Marta y a los entregados padres. La concejala de Cultura de Níjar, María Jesús, visiblemente conmovida, subió al escenario para elogiar el sensacional espectáculo: «Esto no está pagado con dinero. Ha sido un pedazo de espectáculo que perfectamente podríamos haber visto en Almería, Granada o Madrid. No somos conscientes del altísimo nivel que tenemos aquí».
Con una ovación cerrada y el público en pie, 40 Latidos cerró sus puertas cumpliendo su promesa: ser un abrazo al pasado, una celebración del presente y, sobre todo, una firme promesa de futuro para el arte nijareño.
